una verdadera amistad
Después de muchos años, Ipsen consiguió ver realizado su sueño desde niño: Ser soldado. Protegía con orgullo las murallas de su ciudad, aunque había tenido que dejar atrás a su familia... y eso le entristecía.
Un buen día, por capricho del destino, Ipsen salió de la zona que tenía otorgada y conoció a Colín. Rápidamente se hicieron muy amigos, y desde entonces no se separaron nunca. Colín llevaba unos años más en aquella ciudad, y le encantaba contar historias todo el rato, las cuales Ipsen escuchaba maravillado. No había día en el que Ipsen y Colín no pelearan juntos por su ciudad, y se hicieron muy famosos. De ellos se decía que no había nadie que pudiera derrotarlos si luchaban espada con espada. Tiempos felices vivieron.
Pero la tristeza llamó, de nuevo, a la puerta de Ipsen. Recibió una carta de su hogar, en la que se le pedía que regresara urgentemente. Sin pensarlo, se despidió de sus compañeros y emprendió el viaje de vuelta. Su hogar estaba muy lejos de allí, y el camino estaba lleno de peligros. Largos kilómetros recorrieron Ipsen y Colín, peleando contra todo tipo de bestias, escalando montañas, descendiendo barrancos, nadando ríos, cruzando océanos. Hasta que un día, repentinamente, Ipsen se giró hacia Colín y le dijo:
- Yo estoy buscando mi hogar, por petición urgente de mi familia. ¿Pero tú por qué has venido?
Colín respondió sin dudar ni un instante:
- Porque tú dijiste que te ibas.
De: Raul Torinos
2 comentarios
fernando -
Royer -